MAO, GODARD, LA CUP

“LA CHINOISE” DE GODARD, “EL MAMBO” DE LA CUP Y LAS CONTRADICCIONES EN EL SENO DEL PUEBLO… CATALÁN.

Desde mi curiosidad  por la influencia de Mao en esta vieja Europa que aún se sueña revolucionaria, ayer fui al cine Verdi a un pase especial de “La Chinoise”. Una película que Jean Luc Godard rodó en 1967, a caballo entre la Revolución Cultural puesta en marcha en Pekín el año anterior y el París de Mayo del 68, que  su argumento claramente anticipa. En España no pudo verse en su momento, porque las “condiciones objetivas” del franquismo lo impedían. Unas condiciones objetivas de las que se habla mucho en el film, como de dialéctica, revisionismo, tigres de papel, marxismo-leninismo y en general de un pensamiento Mao Zedong, entonces en boga y que hoy nadie, comenzando por los propios chinos, parece interesado en reivindicar. ¿Nadie? ¿Seguro?

La pregunta viene a cuento porque coincidiendo con un momento álgido del procés independentista en Cataluña, la crispada convocatoria del referéndum unilateral, hoy nos presenta la CUP un nuevo video, Mambo”, que además de ser sorprendentemente festivo, sorprende por lo mucho que tiene en común con una película tan de hemeroteca y minoritaria. No lo digo por su estética y audacia formal, siendo la de Godard muy superior, ni por la profundidad en el enfoque, el del vídeo mucho más de consumo y cercano al lenguaje de series como Breaking Bad. En Mambo, los diputados cupaires, todos ellos bien conocidos por su presencia en los medios, empujan a una cantera una vieja furgoneta que acaban despeñando espectacularmente, queriendo indicar que sólo ese puede ser el final del procés, porque no puede construirse un mundo nuevo sin destruir por completo el viejo. La misma conclusión a la que medio siglo antes llegaron los protagonistas de La Chinoise, una célula de estudiantes maoístas franceses, rebeldes, pedantes y en su mayoría niños bien. Tras muchas discusiones dialécticas sobre si en la Francia burguesa se daban o no las condiciones objetivas  de las que tanto hablaba Mao, imprescindibles para el triunfo del socialismo, llegan a plantearse la lucha armada. Los centros de enseñanza estaban por entonces en plena efervescencia y las contradicciones en el seno del pueblo había que aprovecharlas. “No todas las revoluciones son socialistas, pero el camino al socialismo pasa siempre por la revolución”, suenan en la película los ecos de un Libro Rojo que tanto se esforzaban en interpretar.

Aunque la cita más célebre del Libro Rojo la escriben en las paredes del apartamento que ocupan en París, propiedad del padre banquero de una coqueta inconformista con apenas diecinueve años: “Hacer la revolución no es algo delicado como organizar una fiesta, escribir una obra o pintar un cuadro… es una insurrección, un acto de violencia por el cual una clase derroca a otra”. En definitiva, que no se puede hacer una tortilla sin romper huevos, como gráficamente muestran los de la CUP haciendo una en una sartén en su aparentemente festivo vídeo. Eso sí, sin verbalizarlo, en un mensaje en código, sólo para los suyos. Jóvenes como son, quién pagará esos huevos rotos a ninguno le importa. Lo que cuenta es hacer la revolución y enamorarse de ella, mirándose en su espejo como Narciso. Aún hay más coincidencias: mientras en el film de Godard, tras decidir tomar las armas para ejecutar a un revisionista, los revolucionarios parisinos bailan alegremente una canción, Mao Mao”, los cupaires de Mambo, tras despeñar su furgoneta, celebran el jaleo por venir  marcándose alegremente un ídem. ¿Cómo interpretar tantas semejanzas? ¿Sueñan los de la CUP con una nueva Revolución Cultural, un nuevo Mayo nacido en Barcelona que sacudirá España, Europa y luego el mundo entero? Jóvenes Guardias Rojos del siglo veintiuno. “La historia se repite, pero como farsa” escribió Marx mucho antes que Mao y por mi parte me conformo con recomendar una película que sigue igual de joven a pesar de cumplir los cincuenta años.

( Y de paso os animo a los que aún no lo hayáis hecho a leer “Un jardín en Shanghái porque entender a China ayuda mucho a  entender el mundo… Cataluña incluida)

 

 

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