En Madrid, a caballo de las conmemoraciones de la Revolución rusa y del Mayo del 68, el Circulo de Bellas Artes ofrece de la mano de Juan Barja una profunda inmersión en el acto y el hecho revolucionario bajo el sugestivo título de EL GRAN RIO. En Málaga, el Museo de las Colecciones Rusas presenta simultáneamente la muestra RADIANTE PORVENIR, el arte del realismo socialista, con fondos llegados directamente de San Petersburgo nunca vistos antes en España. Grandes retratos de Lenin y sobre todo Stalin, mítines, reuniones de soviets y comités, escenificaciones del nuevo hombre socialista y del proletariado sano y triunfante.

La coincidencia de ambas exposiciones, sin ser intencionada, da mucho en qué pensar. En el Círculo, el homenaje a la Revolución en sí, con toda su aura romántica de acto colectivo instituyente, cuando todavía no se sabe bien de qué; y en Málaga, el poder revolucionario ya constituido y asentado, emitiendo mensajes al pueblo dirigidos a conformar cuerpos y conciencias, consignas de obligada fe, justo cuando por toda la URSS se desataban las grandes purgas del terror estalinista.

Sabido todo esto, lo que vino después y después del después, con la caída del Muro de Berlín y el fin del comunismo, el psicoanalista Jorge Alemán explicaba en una conferencia en el CBA paralela a EL GRAN RIO, que la mejor actitud posible para asomarse hoy a la Revolución es la de duelo. La exposición del Museo Ruso no aspira a teorizar, simplemente muestra el arte obligado de una etapa histórica, la de los años treinta, aunque lo que estremece es lo que calla. Kírov, por ejemplo, es mostrado en muchos de los cuadros todavía como líder del pueblo, obviando que en el 34 sería ejecutado; y en el cuadro de Víktor Góvorov, “La Joven y la Muerte”, vemos a un Gorki ya anciano, máxima gloria de las letras rusas, leyendo su poema-relato de ese nombre a Stalin y Molotov durante una íntima velada.

¿Se salvó acaso Gorki de ser purgado? Al salir de la muestra, abro en la librería la biografía de Stalin de Robert Payne y me encuentro con un capítulo dedicado a la escena: Gorki por esa época casi mendigaba el afecto de Stalin, se sentía vigilado y en arresto domiciliario, pese a que en público era constantemente elogiado como el gran escritor de la Revolución. Y efectivamente sería asesinado ocultamente, por lo que se va sabiendo hoy, bajo la apariencia de una neumonía, mediante un virus inoculado por Yagoda, el jefe de la policía secreta estalinista.

“La libertad, querido Sancho, es el mayor don que a los hombres dieron los cielos …” cita EL GRAN RIO al Quijote. La muestra del Círculo de Bellas Artes explora otras revoluciones que la de Octubre, pero es fácil imaginar que en los tiempos del RADIANTE PORVENIR una cita así le hubiera costado la vida a quien la invocara. Dos exposiciones que la casualidad ha hecho coincidir en Madrid y en Málaga, y que establecen un diálogo irónico y paradójico, también escalofriante, sobre el sueño de cambiar sociedad y naturaleza humana. A no perderse, visitándolas por el orden que se quiera, aunque el mejor sea el cronológico… primero la Revolución, después el duelo.

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