LA ESPAÑA QUE SE DEJÓ EN SHANGHÁI BASILIO MARTÍN PATINO

Un recuerdo del trabajo que Basilio Martín Patino presentó en 2010 en el pabellón de España en la Exposición Universal de Shanghái.

Con motivo de la exposición que actualmente se exhibe en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, “Basilio Martín Patino: Madrid, rompeolas de todas las Españas” se celebró el pasado 31/oct un homenaje al cineasta.

El acto contó con las intervenciones de Javier Angulo, Montxo Armendáriz, Enrique Baquedano, Juan Barja, Pilar Doblado, Carlos F. Heredero, José Luis García Sánchez, Fernando Lara, María José López, Oliva María Rubio, Pedro Molina Temboury, Amancio Prada, Luis R. Aizpeolea, Javier Rioyo y Fanny Rubio (Ver ALBUM DE FOTOSVIDEO INTERVENCIONES).

En mi intervención me tocó recordar brevemente uno de los momentos más originales en su carrera, ya de suyo tan original: su aventura china. Una aventura en la que se embarcó a punto de cumplir ochenta años, cuando pocos artistas, con la obra ya hecha, asumen riesgos.

“En 2010, Basilio fue autor junto a dos grandes cineastas igualmente valientes a la hora de experimentar, Bigas Luna e Isabel Coixet , de los contenidos del pabellón de España en la Exposición Universal de Shanghái. Un trabajo que tuve el privilegio de seguir de cerca como responsable de esos contenidos y que en los seis meses que duró contemplaron siete millones de visitantes, chinos en su mayoría. Una obra efímera que no pudo verse en España ni probablemente volverá a ser montada debido a su gran complejidad: en el caso de Basilio, cinco grandes pantallas sincronizadas en un espacio de catorce metros de altura en las que se mostraban, en proyección continua, cada una con diferentes contenidos, los cambios experimentados en las ciudades españolas desde la generación de nuestros padres a la de nuestros hijos.

La ciudad fue el tema de Expo Shanghái. 200 países competían contando las suyas y Basilio era para nosotros una mirada de la que no queríamos prescindir. Aunque en la primera reunión, comiendo en Can Punyetes, tan cerca de su casa, sobre todo temíamos que por razones de edad rechazase aquel lío. Pero aceptó encantado, más que por el tema, por la oportunidad que le ofrecía un proyecto de tanta envergadura de experimentar nuevos formatos sin las limitaciones de la industria del cine.

Durante un año seguimos su trabajo tanto con material de archivo, en el que era un maestro, como con nuevas grabaciones digitales que iba filmando por toda España para encarnar la modernidad. Cada dos meses, en la pequeña oficina de la Linterna Mágica, nos reunía para mostrarnos fragmentos de montaje que nunca permitían hacerte una idea de cómo acabaría siendo el resultado final. Porque en eso Basilio era muy Basilio: sonreía, parecía estar de acuerdo con las sugerencias que le formulábamos, nuestras o provenientes de la superioridad, pero luego hacía siempre lo que le parecía. Ni quitó el fotograma del Rey emérito junto a Franco que algunos objetaban ni el beso entre dos hombres que se temía pudiera molestar a los censores de Pekín. Lo que a él le preocupaba era sólo una cosa: “¿Pero qué van a entender los chinos de todo esto? “ le oíamos preguntarse conforme iba acumulando horas y horas de grabación.

Cómo voy a saber lo que entendieron los chinos si ni siquiera sé lo que entendí yo durante los seis meses en Shanghái en los que tantas veces me situé bajo sus pantallas. Lo más obvio sería decir que aquella España en millares de imágenes entrecruzadas era un caleidoscopio que se disfrutaba mirándola, sin hacerse preguntas. Cuando el propio Basilio viajó a Shanghái y pudo ver su obra terminada en un formato tan espectacular su mirada era la de un niño maravillado de que algo tan complejo hubiera acabado siendo posible. Siete años después ya no está con nosotros y no podemos preguntarle si aquella obra de Shanghái escondía algún mensaje. Una respuesta al problema de España, tan de actualidad hoy. Pero si la había, se la dejó en China”.

VER VIDEO: UN DÍA EN EL PABELLÓN DE ESPAÑA EN EXPO SHANGHAI

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